LA
ESTRATEGIA
Cuando competía en el Ranking Nacional de
Triatlon por edades, siempre mantuve la idea de que muy pocas personas podíamos
practicar ese deporte, tanto por el esfuerzo requerido, como por las
condiciones propias que exige. Ese era
el motor que hacía que si bien estaba en competencia con los otros
triatlonistas de mi edad, estuviera conciente de que habría logros que nunca
serian míos, por lo que debía siempre estar estimulado a continuar disfrutando,
entrenando y compitiendo por amor al deporte.
A lo que me refiero, es que el triatlonista
que ganaba las competencias de mi categoría, era tan superior a nosotros que a
pesar de ser un cuarentón como todos, disputaba con los atletas de elite los
primeros puestos de la clasificación general y obviamente arrasaba nuestra
categoría. Incluso a veces era el campeón
absoluto de las competencias, ganándoles a muchachos a los que duplicaba la edad.
Un verdadero fenómeno.
Esto dejaba el primer lugar del Ranking, totalmente
fuera de nuestro alcance y realmente luchábamos por el segundo y tercer puesto,
casi nunca logrando alcanzarlo.
La presión por ganar un primer lugar en las
competencias del circuito por lo tanto, no existía para nosotros.
Entonces llegué a concentrarme en escoger a
mis “RIVALES PERSONALES” e imponerme la tarea de por lo menos alcanzarlos. ¡Y de ser posible, vencerlos!
En el transcurso de uno de mis años de
competencia, fui formando una relación de amistad/rivalidad con un competidor
específico. Nos encontrábamos en los
congresillos técnicos y nos decíamos “¡Casi no he entrenado mano! ¡Hoy si me
vas a chamarrear!” Cuando en realidad, ambos habíamos estado sacándonos el jugo
para ganarle al otro.
El era un excelente nadador, por lo que
cuando yo salía del agua, ni siquiera lo veía montarse a la bicicleta.
En el trayecto de bicicleta éramos muy
parejos, por lo que si el recorrido era un circuito, siempre lo veía en el
mismo lugar varias veces al cruzarnos. A
veces hasta me sacaba la lengua y/o me “echaba porras”.
¡Aaaarrrrrrrgh! ¡Eso me encrespaba los pelos!
Yo era mejor RUNNER y generalmente en la
carrera lo volvía a alcanzar, pero pocas veces soportaba el paso hasta el final
por del esfuerzo realizado tan solo en llegarle a la espalda.
Al final, casi siempre me derrotaba o
empatábamos. Quedábamos 4 y 5 o 5 y 6,
siempre yo detrás de el.
Busqué entonces el consejo de entrenadores,
una en natación que a base de mucho esfuerzo y repetición, logró que yo
mejorara mi técnica. Eso incidió en una
rebaja de por lo menos 5 minutos en mi tiempo para los 1500mts. También, sin saberlo yo, mejoró notablemente
mi resistencia aeróbica, por lo que salía del agua completamente fresco para
enfrentar la bicicleta y la carrera.
En ciclismo seguí haciendo básicamente lo
mismo, pero concentrándome más en la posición de mis piernas respecto del marco
de la bici y trabajando sesiones un poco mas prolongadas de entreno.
En la carrera, un amigo me llevó a hacer
entrenos de pista. En ellos pude
percibir algunos vicios que tenía en mi zancada, mejore la postura de mi
espalda e hice ejercicios de coordinación.
Descubrí durante estos, la importancia del trabajo de gimnasio y especialmente
para mí, el fortalecimiento del núcleo o Core.
Después de algunos meses de preparación y de
frustraciones en las competencias, volvimos a encontrarnos con mi amigo y
“RIVAL PERSONAL”.
¡Ese día decidí que lo derrotaría! Tracé una estrategia en mi mente y la puse en
práctica desde el principio de la competencia.
Sabía que no había mejorado tanto como para
ganarle en el agua pero estaba seguro de poder seguirlo aunque fuera a cierta
distancia.
La bicicleta no me preocupaba y en la carrera
sería donde daría mi estocada final.
La competencia fue en Izabal, en un conocido
hotel del área y nos lanzaron al agua alrededor de las 3:30 de la tarde.
Al empezar a nadar, noté que tenía a mi
“RIVAL PERSONAL” a dos brazadas por delante.
Pensé que si me quedaba en su estela, me jalaría a su ritmo. Permanecí allí todo el circuito de natación y
salimos prácticamente juntos del agua.
Mientras corríamos de la playa al área de
transición, él me miraba sobre el hombro y trataba de acelerar el paso para
buscar su bicicleta. Nos calzamos los
zapatos de ciclismo, nos pusimos los mylots y el casco, y montamos con apenas
unos metros de diferencia (El delante de mi).
Durante los 40Kms de ciclismo, permanecí
cerca de el a unos 10 o 15
metros. Inclusive
lo rebasé en un tramo, pero lo dejé rebasarme otra vez guardando energía para
la carrera.
En el momento de iniciar la carrera supe que
le ganaría.
La expresión en su cara no era la misma de
siempre, subía las cejas cada vez que volteaba a verme corriendo tres metros
detrás de él.
Anocheció mientras corríamos y nos
concentramos en ver nuestro camino para no tropezar y caernos. Otra ventaja para mí. Porque aunque no quisiera hacerlo, yo podía
verle delante de mi sin descuidar mi camino.
Inicié mi ataque final.
Me le acerqué una vez y me puse a su lado en
silencio. Al verme, trató de apretar el
paso y lo dejé recuperar su delantera.
Me le acerqué de nuevo, esta vez “haciéndole porras” como él solía
hacerlo. Apretó de nuevo el paso y de
nuevo dejé que se adelantara. La tercera
vez que le alcancé, faltaban un par de kilómetros y aparte de que me sentía
bien físicamente, mentalmente estaba en control. Esta vez me apliqué por completo y lo rebasé
sin mediar palabra. Mientras lo
rebasaba, alcancé a escuchar lo que me pareció un soplido o tal vez un suspiro. Sabía que le iba a ganar y lo hice al final.
Cuando atravesé la meta, tuve que esperarlo
un par de minutos, porque por el esfuerzo había tenido que caminar un tramo. Lo abrace y felicité por el esfuerzo, a la
vez que, por dentro, me felicitaba a mi mismo por haberle derrotado.
Los resultados en esas competencias no se
conocen de inmediato, porque todas las categorías compiten juntas y es
necesario tabular los tiempos para llegar a las posiciones finales de cada categoría. Así que fue hasta la premiación un par de
horas después, que supe que no solamente le había ganado a mi “RIVAL PERSONAL”
sino que gané el segundo lugar de mi categoría.
Aprendí que en todo lo que emprendamos en la
vida, habrá quienes sean mejores que nosotros.
Pero que lejos de desanimarnos, reconocerlos hará que nuestro
esfuerzo, dedicación y la actitud
positiva nos lleven por lo menos un poco más cerca de ellos.
Comprendí que el esfuerzo personal combinado
con un plan de acción y una estrategia, logran cosas que sin ellos, serian
totalmente inimaginables.
Me encontré de frente con una nueva faceta de
mi personalidad, la faceta de ganador.
Todos la tenemos, pero encontrarla requiere que nos sintamos seguros de
lo que hacemos y esta seguridad, la brinda la adecuada preparación para la
tarea emprendida.
Finalmente, encontré en aquel antiguo “RIVAL
PERSONAL” a un angel enviado por el Señor para que me enseñara de lo que soy
capaz, que me enseñara a contar siempre con Su Divina ayuda para cualquier
tarea que quiera emprender.
Me enseñó también, a apreciar el valor de la
amistad de mis viejos “RIVALES PERSONALES” y a apreciar su valor como marcas
que debemos superar.
Bendiciones a tod@s y……
KEEP RUNNING...HAPPY RUNNING.
Excelente Relato, me sentí en competencia, Saludos y Gracias
ResponderEliminarExcelente Relato, me sentí en competencia, Gracias por compartirlo Saludos.....
ResponderEliminar