jueves, 22 de mayo de 2014



MI PRIMER MEDIO MARATON DE COBÁN

Hace ya tanto tiempo que corrí mi primera Media Maraton, que a veces no me gusta recordar la fecha porque me ubica en mi edad actual.  
Aunque recuerdo como si fuera hoy la decisión, la preparación, los nervios, la motivación. 
Esa fue como lo es hoy para muchos, mi graduación como RUNNER. 
Me motivaron mis recuerdos, me motivó mi esposa y los buenos momentos que vivimos juntos, me motivó la pasión por correr que me desde hacia ya mucho, formaba parte de mi vida, aunque no tanto como hoy.
He corrido intermitentemente toda mi vida desde la adolescencia, pero nunca había distancias mayores de 10 o 12 kilómetros.  Ni pensar en una media maraton y menos un maraton completo (42.125kms).
Mi padre fue quien me enseñó a correr buscando compañía tras ser diagnosticado con diabetes, ya que haciendo ejercicio constante, lograba controlar sus niveles de glucosa sin medicamentos.  Tenía entonces unos 14 o 15 años, acepté su reto y salíamos muy temprano a correr unos 8 a 10 kilómetros todos los días.  Recuerdo que la primera carrera que corrimos juntos fue la famosa Carrera San Silvestre y quedé inmediatamente “enganchado”. Con el tiempo, nos inscribimos en muchas carreras de 10kms los domingos.  ¡Que buenos tiempos! 
Conforme pasaron los años y fui haciendo mi vida, ya no corría con mi padre y por lo tanto, corrí menos.  Ya solo lo hacía como un complemento a los otros deportes que practicaba, pero por lo menos lo hacia unas tres veces por semana.
Después hubo un alto repentino en toda mi actividad deportiva. 
El trabajo, las obligaciones, los serios problemas en mi vida personal y la enorme cantidad de excusas que se pueden encontrar, me alejaron unos 6 o 7 años de toda actividad deportiva.
Entonces, la buena influencia de mi entonces novia, hoy mi esposa, lo que me hizo ver el daño que me hacia al optar por la vida sedentaria y todos los riesgos a los que ello me exponía.  Estas son cosas que todos sabemos, pero como es mas cómoda la pereza, nos resulta difícil aceptar.
Cargaba encima un fuerte sobrepeso que rayaba en la obesidad, niveles de colesterol elevados, un ritmo cardiaco acelerado e irregular, tabaquismo, antecedentes familiares de enfermedad cardiaca, un padre diabético y para coronarlo todo, padecía de migrañas. 
Ella en cambio, era ex triatlonista, nadadora activa y corredora entusiasta con varias participaciones en Cobán y gozaba de una salud envidiable. 
Su ejemplo y su preocupación, finalmente lograron hacer que tomara conciencia y empezara a CAMINAR TODOS LOS DÍAS. 
Después de un tiempo, corría y caminaba.  Me costó, pero le retomé el gusto y empecé a correr todos los días, aumentando la distancia cada dos semanas.  El peso fue disminuyendo, los niveles poco saludables fueron bajando y la carrera desplazó paulatinamente al tabaco y los otros factores de riesgo.  Mi autoestima fue inmediatamente reparada y siendo nuevamente adicto a correr, me inscribí con ella en todas las carreras de 10km que pude. 
Ese mismo año, mi esposa junto a su familia iniciaron su preparación para Cobán, mi decisión no estaba tomada, pero me uní al esfuerzo familiar sin pensarlo.  Antes de lo que yo esperaba, la fecha se acercó y me inscribieron sin que yo pudiera decir nada. ¡¡Uugh!! ¡Que miedo! ¡Mi primera media maraton seria nada menos de Cobán!
Conforme avanzó la preparación, las distancias de los fondos aumentaron y cuando llegamos al punto en que tocaba correr 18kms, me asusté porque nunca había corrido tanto.  No creía poder lograrlo y para colmo, todos los entrenos eran en la zona 16, con sus largas y empinadas subidas, bajadas “mata-rodillas” y largos tramos planos o con pendientes “hipócritas”.  Recuerdo incluso que casi al final de ese fondo, nos tomó por sorpresa un fuerte aguacero y descubrí el placer de correr bajo la lluvia que me acompañó y refrescó hasta concluir el fondo.
No había terminado de saborear este logro, cuando llegó el momento de saber si podría o no completar mi primera media maraton. 
La familia había preparado un fondo de 21kms en la carretera que circula al Lago de Amatitlán.  Empezamos como a las 8:00 de la mañana, buscando recrear las condiciones de Cobán y efectivamente, el fondo fue una tortura con temperaturas de alrededor de los 28 grados, altísimo grado de humedad y una altimetrita muy parecida a la de Cobán. 
Lo concluí, aunque no sin sufrir muchísimo y un poco preocupado, porque todos los demás concluyeron bastante antes que yo.
Finalmente llegó el día antes de la Media Maratón.
Viajábamos en la carretera, acompañando a mi cuñado y sus amigos triatlonistas que hacían el viaje en bicicleta desde El Rancho a Cobán.  ¡Y como si pedalear 135 kilómetros en carretera montañosa fuera poco, correrían la Media Maraton de Cobán al día siguiente! 
Yo pensaba: “Esos cuates “están locos”. 
(Obviamente sin saber que un par de años después, yo sería uno de esos “locos que pedalean y corren Cobán”.)
Fue un viaje de aproximadamente 6 horas por ese acompañamiento a los ciclistas y llegamos agotados, pero emocionados y nerviosos.  Los nervios y la emoción que yo sentía, parecían haber contagiado al pueblo entero y las ventas, la música, la fiesta de Cobán era impresionante.
Todos estaban enfocados “en la carrera” y el ambiente era incomparable.
Después del recorrido por el pueblo, y de recoger nuestros números y chips, decidimos compartir la cena de pastas que ofrece la organización, buscábamos ser participes de la completa experiencia de Cobán. 
Aunque la cena no es una comida gourmet, el ambiente es siempre fenomenal.  Compartimos acompañados por marimbas, comentamos nuestras experiencias con personas de todas partes del país, platicamos con campesinos, carpinteros, mecánicos, médicos, ingenieros y saludamos a muchos conocidos de la capital.
También conversamos con muchos otros personajes realmente únicos que solo allí puede uno conocer.  Y para terminar de impresionarme, descubrí que la cena no era solo para RUNNERS, sino que era una invitación abierta a TODO EL PUEBLO. 
Lo mas importante que vivimos fue la verdadera fraternidad de brinda este evento deportivo, que une a todos por igual sin importar raza o condición social, que crea un vinculo irrompible entre los verdaderos RUNNERS.
Al llegar a nuestro hotel, obviamente, los nervios casi no me permitieron dormir.  Amaneció y yo estaba ya despierto y ansioso por que llegara la hora de salir de la cama.  Tomamos nuestro desayuno “Light” de cereal con bananos, y LISTOS.
Llegamos a la salida y los nervios me hacían un nudo en la garganta y otro en el estómago.  La multitud que nos rodeaba, parecía estar en trance, esperando el momento de la largada, para emplearse a fondo y romper alguna clase de record.  A la vez que me intimidaban, me animaba su concentración.
Cuando dieron la salida, me persigné me despedí de mi novia y empecé a correr, midiéndome para no agotarme antes de tiempo.  Subí el paso una vez atravesamos Cobán y en la ruta hacia San Pedro Carchá apreté el paso.  Superé los temidos “columpios” que todos me advirtieron en la ida, gozando cada porra, cada aplauso, cada chapuzón que el publico nos daba mientras pasábamos frente a ellos.
Goce dando la vuelta por Carchá y disfrutando de las bandas escolares y las marimbas.  El regreso a Cobán fue otra cosa, los columpios que tan fácilmente había dejado atrás, regresaron para tomar venganza.  Me reventaron las piernas y las porras ya no eran solamente una felicidad, eran una necesidad.
Habiendo atravesado de nuevo Cobán, llegué más o menos recuperado al retorno sin dimensionar todo lo que me faltaba.  Como me sentía bien, volví a apretar el paso y empecé a subir de nuevo rumbo al centro de Cobán.
En aquel tiempo la meta estaba frente a la Catedral, lo que dejaba para los últimos metros una subida bastante fuerte y como ya lo sabía, fue entonces que ya casi sin fuerzas dentro de mi, verdaderamente me alimenté de las porras.  Cada vez que estaba listo para abandonar el esfuerzo, alguien me gritaba “vamos, falta poco” y me obligaba a no desfallecer.
Por fin pude ver la meta a lo lejos y empecé a hacer lo que yo creía era un “Sprint Final” y así como pude, logré atravesar la meta y concluir mi gran reto. 
He de decirles que tuve que sostenerme de la primera persona que se me puso en el camino, porque por poco colapso allí mismo.
La satisfacción, superaba por mucho el agotamiento físico y el dolor en las piernas y me sentí como todo un campeón.
Hoy después de muchos años, muchas experiencias y mucho aprendizaje, la parte deportiva del Medio Maraton de Cobán ya no es un misterio para mí. 
Sin embargo lo intangible, el ambiente, la fiesta y sobre todo la gente, siguen siendo irresistibles.  No puedo ni imaginar no asistir a Cobán.  Este año GRACIAS A DIOS, regreso a CORRERLA.
Así que adelante RUNNERS, estamos tan solo a días de LA MEDIA MARATON, para mi la mejor de TODAS.
¡KEEP RUNNING!  ¡HAPPY RUNNING!

1 comentario:

  1. Chofo, para mi, esta será mi primer Medio Maratón, así que tus comentarios aquí me están sirviendo de motivación, Gracias

    ResponderEliminar