MI PRIMER
MEDIO MARATON DE COBÁN
Hace ya tanto tiempo que corrí mi primera Media Maraton,
que a veces no me gusta recordar la fecha porque me ubica en mi edad actual.
Aunque
recuerdo como si fuera hoy la decisión, la preparación, los nervios, la
motivación.
Esa fue como lo es hoy para muchos, mi graduación como
RUNNER.
Me motivaron mis recuerdos, me motivó mi esposa y los
buenos momentos que vivimos juntos, me motivó la pasión por correr que me desde
hacia ya mucho, formaba parte de mi vida, aunque no tanto como hoy.
He corrido intermitentemente toda mi vida desde la
adolescencia, pero nunca había distancias mayores de 10 o 12 kilómetros. Ni pensar en una media maraton y menos un
maraton completo (42.125kms).
Mi padre fue quien me enseñó a correr buscando compañía
tras ser diagnosticado con diabetes, ya que haciendo ejercicio constante,
lograba controlar sus niveles de glucosa sin medicamentos. Tenía entonces unos 14 o 15 años, acepté su
reto y salíamos muy temprano a correr unos 8 a 10 kilómetros todos
los días. Recuerdo que la primera
carrera que corrimos juntos fue la famosa Carrera San
Silvestre y quedé inmediatamente “enganchado”. Con el tiempo, nos inscribimos en
muchas carreras de 10kms los domingos.
¡Que buenos tiempos!
Conforme pasaron los años y fui haciendo mi vida, ya no
corría con mi padre y por lo tanto, corrí menos. Ya solo lo hacía como un complemento a los otros
deportes que practicaba, pero por lo menos lo hacia unas tres veces por semana.
Después hubo un alto repentino en toda mi actividad
deportiva.
El trabajo, las obligaciones, los serios problemas en
mi vida personal y la enorme cantidad de excusas que se pueden encontrar, me
alejaron unos 6 o 7 años de toda actividad deportiva.
Entonces, la buena influencia de mi entonces novia, hoy
mi esposa, lo que me hizo ver el daño que me hacia al optar por la vida
sedentaria y todos los riesgos a los que ello me exponía. Estas son cosas que todos sabemos, pero como
es mas cómoda la pereza, nos resulta difícil aceptar.
Cargaba encima un fuerte sobrepeso que rayaba en la
obesidad, niveles de colesterol elevados, un ritmo cardiaco acelerado e irregular,
tabaquismo, antecedentes familiares de enfermedad cardiaca, un padre diabético
y para coronarlo todo, padecía de migrañas.
Ella en cambio, era ex triatlonista, nadadora activa y
corredora entusiasta con varias participaciones en Cobán y gozaba de una salud
envidiable.
Su ejemplo y su preocupación, finalmente lograron hacer
que tomara conciencia y empezara a CAMINAR TODOS LOS DÍAS.
Después de un tiempo, corría y caminaba. Me costó, pero le retomé el gusto y empecé a
correr todos los días, aumentando la distancia cada dos semanas. El peso fue disminuyendo, los niveles poco
saludables fueron bajando y la carrera desplazó paulatinamente al tabaco y los
otros factores de riesgo. Mi autoestima
fue inmediatamente reparada y siendo nuevamente adicto a correr, me inscribí
con ella en todas las carreras de 10km que pude.
Ese mismo año, mi esposa junto a su familia iniciaron
su preparación para Cobán, mi decisión no estaba tomada, pero me uní al esfuerzo
familiar sin pensarlo. Antes de lo que
yo esperaba, la fecha se acercó y me inscribieron sin que yo pudiera decir
nada. ¡¡Uugh!! ¡Que miedo! ¡Mi primera media maraton seria nada menos de Cobán!
Conforme avanzó la preparación, las distancias de los
fondos aumentaron y cuando llegamos al punto en que tocaba correr 18kms, me
asusté porque nunca había corrido tanto.
No creía poder lograrlo y para colmo, todos los entrenos eran en la zona
16, con sus largas y empinadas subidas, bajadas “mata-rodillas” y largos tramos
planos o con pendientes “hipócritas”. Recuerdo
incluso que casi al final de ese fondo, nos tomó por sorpresa un fuerte
aguacero y descubrí el placer de correr bajo la lluvia que me acompañó y
refrescó hasta concluir el fondo.
No había terminado de saborear este logro, cuando llegó
el momento de saber si podría o no completar mi primera media maraton.
La familia había preparado un fondo de 21kms en la
carretera que circula al Lago de Amatitlán.
Empezamos como a las 8:00 de la mañana, buscando recrear las condiciones
de Cobán y efectivamente, el fondo fue una tortura con temperaturas de
alrededor de los 28 grados, altísimo grado de humedad y una altimetrita muy
parecida a la de Cobán.
Lo concluí, aunque no sin sufrir muchísimo y un poco
preocupado, porque todos los demás concluyeron bastante antes que yo.
Finalmente llegó el día antes de la Media Maratón.
Viajábamos en la carretera, acompañando a mi cuñado y
sus amigos triatlonistas que hacían el viaje en bicicleta desde El Rancho a Cobán. ¡Y como si pedalear 135 kilómetros en
carretera montañosa fuera poco, correrían la Media Maraton de Cobán
al día siguiente!
Yo pensaba: “Esos cuates “están locos”.
(Obviamente sin saber que un par de años después, yo
sería uno de esos “locos que pedalean y corren Cobán”.)
Fue un viaje de aproximadamente 6 horas por ese
acompañamiento a los ciclistas y llegamos agotados, pero emocionados y
nerviosos. Los nervios y la emoción que
yo sentía, parecían haber contagiado al pueblo entero y las ventas, la música,
la fiesta de Cobán era impresionante.
Todos estaban enfocados “en la carrera” y el ambiente
era incomparable.
Después del recorrido por el pueblo, y de recoger
nuestros números y chips, decidimos compartir la cena de pastas que ofrece la
organización, buscábamos ser participes de la completa experiencia de Cobán.
Aunque la cena no es una comida gourmet, el ambiente es
siempre fenomenal. Compartimos
acompañados por marimbas, comentamos nuestras experiencias con personas de
todas partes del país, platicamos con campesinos, carpinteros, mecánicos,
médicos, ingenieros y saludamos a muchos conocidos de la capital.
También conversamos con muchos otros personajes
realmente únicos que solo allí puede uno conocer. Y para terminar de impresionarme, descubrí
que la cena no era solo para RUNNERS, sino que era una invitación abierta a
TODO EL PUEBLO.
Lo mas importante que vivimos fue la verdadera
fraternidad de brinda este evento deportivo, que une a todos por igual sin
importar raza o condición social, que crea un vinculo irrompible entre los
verdaderos RUNNERS.
Al llegar a nuestro hotel, obviamente, los nervios casi
no me permitieron dormir. Amaneció y yo
estaba ya despierto y ansioso por que llegara la hora de salir de la cama. Tomamos nuestro desayuno
“Light” de cereal con bananos, y LISTOS.
Llegamos a la salida y los nervios me hacían un nudo en
la garganta y otro en el estómago. La
multitud que nos rodeaba, parecía estar en trance, esperando el momento de la
largada, para emplearse a fondo y romper alguna clase de record. A la vez que me intimidaban, me animaba su
concentración.
Cuando dieron la salida, me persigné me despedí de mi
novia y empecé a correr, midiéndome para no agotarme antes de tiempo. Subí el paso una vez atravesamos Cobán y en
la ruta hacia San Pedro Carchá apreté el paso.
Superé los temidos “columpios” que todos me advirtieron en la ida,
gozando cada porra, cada aplauso, cada chapuzón que el publico nos daba
mientras pasábamos frente a ellos.
Goce dando la vuelta por Carchá y disfrutando de las
bandas escolares y las marimbas. El
regreso a Cobán fue otra cosa, los columpios que tan fácilmente había dejado
atrás, regresaron para tomar venganza.
Me reventaron las piernas y las porras ya no eran solamente una felicidad, eran una
necesidad.
Habiendo atravesado de nuevo Cobán, llegué más o menos
recuperado al retorno sin dimensionar todo lo que me faltaba. Como me sentía bien, volví a apretar el paso y
empecé a subir de nuevo rumbo al centro de Cobán.
En aquel tiempo la meta estaba frente a la Catedral, lo
que dejaba para los últimos metros una subida bastante fuerte y como ya lo sabía,
fue entonces que ya casi sin fuerzas dentro de mi, verdaderamente me alimenté
de las porras. Cada vez que estaba listo
para abandonar el esfuerzo, alguien me gritaba “vamos, falta poco” y me
obligaba a no desfallecer.
Por fin pude ver la meta a lo lejos y empecé a hacer lo
que yo creía era un “Sprint Final” y así como pude, logré atravesar la meta y
concluir mi gran reto.
He de decirles que tuve que sostenerme de la primera
persona que se me puso en el camino, porque por poco colapso allí mismo.
La satisfacción, superaba por mucho el agotamiento
físico y el dolor en las piernas y me sentí como todo un campeón.
Hoy después de muchos años, muchas experiencias y mucho
aprendizaje, la parte deportiva del Medio Maraton de Cobán ya no es un misterio
para mí.
Sin embargo lo intangible, el ambiente, la fiesta y
sobre todo la gente, siguen siendo irresistibles. No puedo ni imaginar no asistir a Cobán. Este año GRACIAS A DIOS, regreso a CORRERLA.
Así que adelante RUNNERS, estamos tan solo a días de LA
MEDIA MARATON, para mi la mejor de TODAS.
¡KEEP RUNNING! ¡HAPPY
RUNNING!